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viernes, 21 de enero de 2011

Ausencias meridianas

"Tu corazón es un atlas de ausencias meridianas,"
(Amor deshabitado, Laura de Miguel)

En esta habitación
sembrada de silencios,
amparo débil de los vientos huérfanos,
se encuentra una razón
apenas conciliada por el sueño.

Aquí yacen las horas prematuras,
esas horas fugaces y exentas de apellido,
indelebles y amadas  -sin embargo-
como la verdad que habita tras el labio.


lunes, 3 de enero de 2011

Epílogo

La ciudad es un cementerio de ladrillos,
un espíritu nómada de meandros,
sobre los tejados se hacen fuerte
las calladas enredaderas urbanitas,
yo las observo, así, mientras ellas callan,
mis ojos: un balcón rasgado y costumbrista.

Desde mi rincón observo los desnudos tallos,
imagino sus formas femeninas,
y entonces viene lo de perder el pulso,
lo de la memoria caprichosa y su falta de tacto:
los recuerdos son silencios a través de una arboleda,
caminan lentamente como espíritus anónimos.

Luego mayo avanzará como ordenado
por las vías de un vagón callado y trotamundos,
es cuando ser hombre significa ser viajante,
llevar el corazón en la maleta
y dos o tres palabras compañeras.
Es como mirar al cielo y encontrar dormidas
la luz balanceada de dos luciérnagas de fósforo.

Los edificios, como alambres fragmentados,
son modernas ruinas urbanitas,
cajones romos de otras eras llenos de pasado,
un ataúd que dispara tiempo al horizonte
como una maquina velada,
como cornisas de pestañas de unos ojos ya cerrados.

Será que a veces desamar,
es como un temblor de la esperanza,
recoger escombros de nostalgias, pensar en ti,
plantar los pies bajo el fango y ser alerce milenario,
pero en otoño todos los ayeres son caducos,
crujen en el suelo como una alfombra de cristales,
y dos vías que se cruzan rara vez son paralelas.

Diciembre, aunque te olvide,
seguirás siendo el último mes del año.



lunes, 27 de diciembre de 2010

Acorde infiel


Muéstrame tus ojos para ver amaneceres desconfiados
que mis ojos son un bocado púrpura de la nostalgia,
muéstrame un lugar donde esconder las aversiones
y donde poder respirar quedamente
creando un movimiento andante.
Préstame unas horas que voy a describirte un segundo
y a susurrarte al oído cada nana perdida
que esconde un instante.
Cierra los ojos, bésame, usa carmín,
no soy digno de tus labios.
Protégete, voy a estrellar mi corazón contra el tuyo
y a golpear tu mirada con mis ardientes pupilas de inocencia.
Soy un kamikaze de amor y tengo vértigo,
el mar se ha calmado hoy, la noche es cálida,
en el cielo brilla plateada una corona de fuego y no hay
lugar más hermoso donde poder musitarte romances.
Cierra los ojos, bésame, usa carmín,
no soy digno de tus lágrimas.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

No sólo de aplausos vive el poeta

Buenas, el motivo de hoy no es otro que el que reza (a modo de humor ) el título del post.

Pues bien, como muchos ya sabéis, tengo dos libros publicados: Los calendarios anónimos y Eclipse Ocular. Ambos títulos se pueden encontrar en muchas librerías nacionales (España). No obstante, como me consta que muchos de los que me leéis no soy de España, así como algunos de los que si lo somos, a veces, por lo ajetreado de nuestras vidas, no sacamos el tiempo suficiente para acercarnos a una librería (no siempre cercanas), he añadido una pestaña en la web de nombre "Compra mis libros" desde la cual se podrán comprar los ya publicados y los que están por venir. De momento, está disponible Los calendarios anónimos, pronto estará también mi primer libro, Eclipse Ocular. 

Algunos de los poemas de ese libro, los he ido colgando en la web, pero, obviamente, no están todos. 
El libro consta de 36 poemas, dividido en 12 meses, desde Enero a Diciembre, cada uno de ellos, con sus tres poemas correspondientes. Además, cada mes viene introducido por una ilustración (de Maria José  Calderón Vázquez), un total de doce adornan, pues, el libro, que en general (y no es amor de padre) quedó bastante bonito y muy recomendable.

Por tanto, os animo a todos los que estéis interesados en que lo adquiráis y así poder tener en vuestras manos (que siempre es mejor que a través de una pantalla), el producto final,de mucho tiempo de trabajo y dedicación, hecho, al fin y al cabo, con todo el cariño posible, para vosotros. Y ya sabéis: No sólo de aplausos vive el poeta ;).


lunes, 1 de noviembre de 2010

Para que no te olvidase

Para que no te olvidase te acercaste a mí
desnuda, pero una desnudez que no conoce
la palabra descalza,
tampoco prisas, ni entiende cobarde.
La desnudez de la que hablo se parece más
a fuego, sí, compite con caricia.
Perdona la falta de precisión, la torpeza
con que escribo, pero no es sencillo limitar
abismo, darle forma y cuerpo a libre,
de más sabes que tu yo -que es antónimo de ego-
no habita en diccionario.

No entres en cólera si me olvido, por azar,
entrega, o si entre naufragio y marea,
recuerdo oasis y olvido, sin embargo, sed.
Tampoco si secreto pelea contra voz,
o si confundo -y ya lo sé, es por pura ignorancia-,
quizá, pelo con arpa,
ojos con noche, labios con frontera.

Para que no te olvidase estuvimos hablando
hasta que se agotaron las palabras,
después, usamos sílabas -tan sólo-,
y agotadas estas, por ser escasas,
incomprensiblemente escasas, amaneció.
Dijiste, entonces, mañana pero de tu boca
escuché noviembre, tu desnudez se hizo tacto,
y así, sumados latido con hambre,
inventaste nosotros, así, inventaste invierno.

Para que no te olvidase me ataste el zapato,
y tal vez, yo, preparara café,
después, con los nervios aún a medio vestir,
y la cicatriz intacta del beso en la frente,
te alejaste, sin siquiera saber,
que para no te olvidase, hizo falta,
si acaso, regalarme una sonrisa.


martes, 28 de septiembre de 2010

Nunca seré, nunca serás

Incluso cuando de luz escasean los días
juegas a encenderlos, te desdibujas.
A veces,  te sorprendo distraída,
ajena al tiempo, pero en tu rostro sobrevive
algún secreto, una herida, una fugaz batalla
-no por ser huidiza sino por breve-
que jamás ha ganado ningún hombre
tan creído de amor como para sí aceptar
el reto de besarte, la lucha de tocarte.

La derrota nace apenas empieza el envite,
desmontas mis palabras, dilatas mis maneras
extendiéndolas una a una sobre la cama.
Clavas en mí pupila tu mirada
y siento un rubor -más infantil que vergonzante-
que deja desnudo a ese hombre que hace tan sólo
momentos era una frontera de mármol.
Mírame, desnudo y frente por frente
no soy locuaz, ni soy arrogante, ni poeta,
tan sólo soy un hombre, tan sólo soy un cuerpo.

En este punto, ya nada valen mis modales,
ya nada pesan mis costumbres, es demasiado
tarde para buscar la huída, para retirarse,
ya vuelan sobre mí los cuervos del apetito.
Sin embargo tú te muestras templada
-casi diría que disfrutas este momento-,
alargas los silencios que matas con tus labios,
ni siquiera el tiempo se resiste a tus embates.

Y es que, nadie puede amar como tú amas,
besar como tú besas, tocar como me tocas.
Si te imito pierdo, si improviso me descubro
torpe y lánguido, me siento anciano y tú tan niña
rompes los acuerdos, los pactos, el protocolo,
me rindo, me dejo arrastrar a tierras remotas,
escucho tu voz y siento que ya escuché todas,
si, definitivamente he escuchado todas.
También sé, que detrás de esta esquina -que hoy es- nuestra
nada queda, que no recordaré
tus calles, ni sabré como llegar a tu puerta,
que no estarás donde estuviste, y yo,
por contra, estaré -claro que estaré-
mendigando otras pieles -mejor dicho-, otros cuerpos
a los que jamás hayas conocido,
manteniendo la esperanza vana y egoísta
de robarles -apenas- un rumor de tus labios,
la noctámbula forma de tus manos.

Pero esta noche que vamos cansando
lentamente, agotando uno a uno los segundos,
aún es nuestra, aún es mía, aún es tuya.

Con tus ojos tallaste en mi cuerpo tu apellido,
con una sonrisa diste paso a la mañana.





miércoles, 22 de septiembre de 2010

Y si fuera verdad


Y si fuera verdad eso que dicen,
que los árboles han agotado su recuerdo,
que las horas madrugaron y traen con ellas
palabras fingidas arrastradas de la mano.
Que enero ya no es un mes, ahora es la costumbre,
una forma de vivir sombría, a veces átona,
que siembra -y riega- la vergüenza en los amantes.
Entonces, dime, ¿Y si fuera verdad?

Claro que,  y si fuera verdad, también, lo otro,
que los labios, secados
y batidos de aspirar los vientos de la ausencia,
adornan las terrazas, los cafés,
las vitrinas de lujosos museos.
Se estudia el desamor como la historia,
y están llenas, si acaso por lo insólito,
las camillas forenses de cadáveres
marchitos de querer.
Entonces, dime, ¿Y si fuera verdad?
 
Llegados a tal punto de inferencia,
pregunto, y si fuera verdad lo aquello,
lo de los adioses concurridos tan repletos
de nostalgia, ese viejo vagón deslucido
anclado a la memoria.
Si fuera verdad que la alevosía,
las ganas de ganarse el uno al otro,
son un rumor que filtran las aceras,
un eco de leyenda en boca de las ancianas.
Entonces quizá, sea verdad cuando te acercas
y me dices que somos dos supervivientes.


viernes, 3 de septiembre de 2010

Sólo por esta vez

Incluso hoy, bajo la luz cansada de las horas,
tienen miedo los ojos donde escondes
la cicatriz desierta y fría de la añoranza,
ese vagón incómodo que detiene el tiempo
y mima la memoria con caricias
de fogueo y palabras de septiembre.

Mientras tanto, los parques nunca cambian,
continuarán, a solas, los bancos esperando
la frecuencia y el gesto de dos enamorados,
ese mismo guión no -por rutina- menos cierto
que interpretó, en el pasado, tu boca y la mía.

Pero hay algo diferente en todos los otoños,
apenas un lenguaje cotidiano
que al oído es, por poco, imperceptible,
una sensación de irrealidad
que -y de eso estoy seguro- induce a equivocarnos,
a asomarnos al balcón -pese a la lluvia-
y contemplar los charcos no exentos de belleza.


Solo por este instante, déjame amanecerte,
permíteme que rompa nuestro pacto,
aquel que se selló con nuestras lágrimas
y dos ecos punzantes como una cama fría.
Sólo por esta vez, te lo prometo,
-aunque ya ves el valor que tienen mis promesas-
déjame que te recuerde como antes.

Tú, con la inexperta rigidez de la inocencia
y el deseo preso de pasiones incurables.
Yo, labio huérfano, otra parte de ti.

viernes, 20 de agosto de 2010

Qué bueno es saber que ya no me haces falta.


Qué bello es despertar, ya, sin tus besos,
esos besos que dejan sabor a insuficiencia,
que escarchan el tiempo y dejan arena en la sangre.

Qué bello es el sentir que te has marchado,
conversar con el eco de tus pasos,
mirarlos a la cara, conocerlos.

Qué bueno es, también, saber que ya no me haces falta,
madrugar cada mañana
sin la desesperanza
escrita en la retina:
apenas un crujido de madera
amarga astillándose en la garganta.
Y atravesar, sin rumbo –como hoja abandonada-,
las calles que formaban laberintos
de granizo en la nostalgia, un rumor
de asfalto en la memoria.

Pero, qué bello es también cuando la noche exige 
su caprichoso insomnio,
y me embisten insaciablemente tus recuerdos.
Uno a uno desfilan lentamente,
convierten los segundos en un sueño
de sombras inaudibles.

Tu mirada, tu voz, tus labios recién pintados,
el tacto ajado de aquel te quiero poco cierto,
que, de tan denso, tuve que rasgarlo en el aire
con las manos. Densidad de amor deshabitado.

Qué bueno es recordarte como escombros,
ahora que las piedras embellecen
como las murallas de vestigios inservibles.
Te recuerdo así, así como a las ruinas clásicas.


viernes, 7 de mayo de 2010

Una tarde cualquiera

Una tarde cualquiera, sí, cualquiera,
no una de esas que se inmortalizan en otoño
de alfombrados parques y guitarra en las aceras,
no, dije una cualquiera,
de aquellas que desfilan por delante y, si acaso,
apenas si dejan el roce del trinar de
un par de pájaros en la memoria,
la mirada vacía y el corazón abierto.

Pero no, yo hablo de otras tardes, una cualquiera,
de esas que se forjan lentamente en la trastienda,
una tarde sin fecha,
sin hora exacta o mes predefinido.
Una, en la que nadie recibió noticia más
cardinal que la rutina misma aborrecida,
esa prisión tan (des)humana de humo
y tiempo carcelero.

Pero tampoco, no, piensa una tarde cualquiera,
una sin amantes, ni de besos escondidos,
sin caricias, ni ruegos, sin perdones,
Una tarde baladí y pasajera,
que dio igual si de mayo o de septiembre,
descobija, apenas deshonrada por el viento,
fardel de los minutos inservibles.

Pues bien, allí me vi,
en esa tarde, tan gris y anodina,
que de lejos, era la vergüenza de las tardes,
yo, poeta bobo, me di cuenta que te amaba.

jueves, 6 de mayo de 2010

Socorro


Miro la ciudad, sus calles repletas
de ladrillo, penumbra de farolas,
bajo ellas, alquitrán degastado por los pies
de un océano de pasos anónimos,
camino -y  entonces-, eludo el llanto
de socorro, me escurro por sus calles
como un río amortiguado en busca de marismas.
La ciudad no habla, aplica un lenguaje imperceptible,
apenas un lamento cotidiano
desierto de esperanza:
Una voz cercana -yo diría casi mía-,
abandonada a ese tirano que es el viento
que,
         como un buitre cebándose en la acera,
te destierra a otros territorios, ya remotos,
donde irás a morir sin darte cuenta.

miércoles, 28 de abril de 2010

Desde aquí

Desde donde te escribo, a veces no huele a café,
ni huele a terrazas,
ni la lluvia -esa vecina incomoda-
se funde con el polvo de los parques dejándonos
olor a primavera.
Desde donde yo te escribo, también,
es más fácil perderte que encontrarme,
el lenguaje sólo es
un vehículo viejo e incapaz
que amortigua el perfume
anticipado de aquel rumor de las derrotas:
apenas un sabor más traicionero que bravo,
el murmullo sordo de los años que agotados
terminan por pasar sin darte cuenta.
Y es que, ya lo sé, desde aquí, donde yo te escribo,
los muros son más densos que el silencio,
y abrigan los amargos desconsuelos,
aferrados, como ese tesoro que uno guarda
debajo de su almohada, escondido
de otras manos y de otras voces y de otros ojos.
Pero no me juzgues, no, ni huraño me supongas,
tampoco huyas ni lances contra mí
tu ejército de inquinas.
Solo es el castigo que me queda porque elijo
escribir desde mi alma.

jueves, 8 de abril de 2010

No sé nada del amor.




“Nada sabe de amor quien no ha perdido
por amor una casa, una hija tal vez
y más de medio sueldo,”
(Luis García Montero)


A veces es verdad que te castigo,
y que mi voz daña como alfanje en tus heridas.
Incluso hay noches que mis manos son un salón
desierto y frío que caminas acariciando
de puntillas: olor a espera inútil.
Pero coses mi sed a mi nostalgia,
te haces real, apenas un rumor
que me sonríe con la desnudez de la noche.
Me besas, y tus labios son la helada
que rompe por debajo de la puerta.
Entonces dudo, pero no de ti, ni de nosotros,
sino del amargo sabor de la madera
que guardo en la garganta,
sombra cotidiana de los restos de naufragios,
astillas embarradas que la lluvia no disuelve.

Pero qué sé yo del amor por cuatro letras
si he conocido, en tus ojos, el invierno
-la tristeza verde, aún, sin adjetivo-,
una luz que a las sombras no reclama.
Qué sé yo del amor cuando claudico
y arrastro la rodilla
por escombros tallados por el viento,
exhausto de lidiar con la memoria.

Si tuviese el valor que a ti te sobra,
quizá no agotase el recurso de andar solo,
ni el de robarte otoño -ni septiembre-,
ni las grietas de los cobrizos árboles.
Quizá, también,
sería capaz de negarme tres
veces, incluso cuatro,
y ser capaz de sonreírte, por fin,
con la remota posibilidad de encontrar
en tu boca algún mérito,
Eso, claro está, si yo tuviese el valor.

Salvador Reyes de Cózar


miércoles, 25 de noviembre de 2009

El Cordero en Buscando a Ligeia

Ya podeis leer un adelanto del tercer relato del libro Buscando a Ligeia. Que lo disfrutéis

http://buscandoaligeia.blogspot.com




viernes, 2 de octubre de 2009

¿ Sabes ?



Hay veces en que me quedo esperando a la noche,
pero no aparece y en su lugar
me deja el labio yermo y horas huérfanas.
Y yo, como el más estúpido de los amantes,
la excuso, siempre acepto sus motivos,
aun cuando su voz disfraza sus manos
que me hablan de otros nombres.

Pero hay veces, también, que me rebelo,
que anochezco infiel y te dejo para mañana,
me digo: ya vendrá con sus pelos confundidos,
oliendo a otras palabras, los ojos mal pintados.
Resulta entonces que en esos momentos
soy – si cabe- más cobarde que nunca
y me olvido que tú ya conoces mis teatros.

¿Sabes? A mí nunca me importó que fueras libre,
tampoco inclinarme como un sauce en tus lirismos,
pero en toda tormenta hay una vela
que claudica al empuje de los vientos.
Y en este océano que improvisamos
como juegos de mesa entre dos adolescentes,
he tejido mi piel como tablero
y aprendí a no cortar más tu baraja.



lunes, 17 de agosto de 2009

Lecturas vacacionales



Aprovechando el retiro estival he tenido el placer de leer en las últimas dos semanas un par de libros que me han motivado a escribir este post. Se trata de dos libros que me han sorprendido gratamente. No soy persona de ir aconsejando libros pues pienso que los gustos de los lectores son muy variados y cada cual tiene el suyo. No obstante, y dado que el verano es tiempo de lecturas, me atreveré a recomendaros los siguientes libros.

El primero de ellos es After Dark de Haruka Murakami. De Murakami poco se puede decir que no se sepa ya. Estilo propio, elegancia, una capacidad sobresaliente para convertir lo ordinario en extraordinario. Una novela ligera y llena de ritmo.

El segundo es La carretera de Cormac McCarthy. Especial mención me merece este libro. Ha sido una sorpresa en su totalidad. No había leído nada de este escritor estadounidense y la verdad es que me ha encantado. En esta amarga novela, McCarthy da rienda suelta a toda su capacidad compositiva, regalándonos pasajes en los que a veces no sabremos bien, si estamos leyendo una novela o fragmentos del mejor de los poemarios. Una joya.





martes, 30 de junio de 2009

Buscando a Ligeia




Os presentó la página de lo que será mi siguiente trabajo, "Buscando a Ligeia" Se trata de un libro de relatos de misterio en homenaje a Edgar Allan Poe. En él, podeis encontrar hasta la fecha 2 de los relatos que se publicarán, podéis descargarlos desde la columna de la derecha una vez dentro de la página.