











Eduardo Almiñana Peñalver, 1958. Licenciado en Bellas Artes, trabaja de diseñador desde hace veinticinco años. También ha trabajado en la industria del cómic, y en el mundo de la ilustración. Suyas son la portada y contraportada de Eclipse Ocular, así como de Los calendarios anónimos, y de No hay motivo para no ser Robert Crumb (Ambos, Editorial Cocó, 2008), y las ilustraciones interiores de este último.
Eduardo, muestra en sus dibujos, un trazo exquisito, además de una sensibilidad y un estilo propio madurado y elegante, así como manifiesta una capacidad sobresaliente para captar la esencia de aquello que se desea ilustrar, que convierte la colaboración con él, en una experiencia del todo sencilla y enriquecedora. Sus dibujos completan la obra haciendo de esta un todo indivisible, las cuales no podrían entenderse ni considerarse terminadas hasta que Eduardo no decide idear su último trazo.
Desde este espacio, invito a todo aquel que lo desee a ponerse en contacto con él, estoy seguro que quedará gratamente satisfecho.
Eduardo Almiñana Peñalver.
Algunas de sus Ilustraciones.
Portada y contraportada de Eclipse Ocular ( Logosur, 2007)
Portada de Los calendarios anónimos (Editorial Coco, 2008).
Portada, contraportada y una de las ilustraciones interiores de No hay motivos para no ser RobertCrumb (Editorial Cocó, 2008)

Ilustracion: María José Calderón Vázquez
De pronto tus ojos.
Y de pronto fueron los helados grises de la noche,
de pronto tus ojos, yo solo fui un espectador anónimo,
el olor de los álamos, la tierra húmeda,
llovía aquel diciembre y de pronto tus ojos.
La noche era una ventana de azules y mármol,
una caricia ámbar de tu boca,
fue como deshojar las horas como pétalos,
y yo, arañado por las calles del Sur,
entendí aquel mensaje escrito en la botella,
era esperar y esperé como espera la costa
la siguiente ola que bautice las sedientas arenas,
pero todos los mensajes tienen un posdata,
y yo nunca fui un poeta de los de letra pequeña,
así que encendí un cigarro, di cuerda al reloj,
y los minutos fueron un ejercito de viento.
Minuendo
El silencio dibuja en el espacio las palabras de la noche,
se balancean en el aire como acariciadas por las sombras,
junto a ellas no soy mas que un péndulo inexacto,
un metrónomo.
Un corazón arrítmico que bombea huellas sincopadas.
Estériles.
La noche es un desierto de luciérnagas, un reflejo que asola
las desnudas voces del anonimato, el tiempo pierde relevancia.
Se suceden digresiones, Verano y Otoño se evaporan,
Enero detona con fanatismo inusitado pero a través de tus labios
sigo llorando octubres aritméticos, cárceles de mármol.
Minuendo y azules en un vaso.
Lugre
Cada minuto agotado perfuma la habitación
y explota en la distancia como una espora amarga,
he recorrido el trayecto equilátero de Hayaam,
el doble gesto de la añoranza.
Pero entonces todos los parpadeos
son hermanos en la noche,
convergen en el suelo
como desiguales otoños alfombrados
y mis ojos exhalan viudas púrpuras.
Quizá sea que por estos océanos no caduca el hemisferio
ni soplen de costado huracanes capaces de tumbar
ánimas con gavias, caricias de latón.
Háblame de los callados céfiros secretos.
Los calendarios anónimos ( Editorial Cocó, 2008). Mes: Enero.

